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Historia de La Rioja Alta, S.A

Historia del roble

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Considerado material noble, como ninguno, para contener el vino, debemos someter a crítica su utilización. De este modo su uso en el futuro será una consecuencia coherente con la calidad.

Dos razones opuestas hicieron del roble el gran material: el reposo y el transporte.

Llegado el siglo XVIII, la naciente obsesión por la calidad precisaba cierres herméticos que permitieron las rudas travesías por tierra y las interminables singladuras sin que el vino sufriera efecto negativo por circunstancias exteriores de frío o presión o, al menos, las aguantaran con menor incidencia que tinajas y pellejos.

Por tanto, se generalizó la madera, y de ésta, la más inocua, el roble.

Volvamos a los orígenes reconstruyendo la historia de la moderna enología y veremos que cuando argumentamos el roble como tradición y el envejecimiento como tipismo no hacemos más que anclar la evolución enológica en una necesidad técnica de hace doscientos años. Ciertamente, nos convendrá mantener y potenciar en muchos casos, pero ello no excluye el que abramos los ojos y comparemos nuestros medios tecnológicos actuales con los pretéritos. El hombre del vino utilizó el roble para conservar el vino en la bodega o cueva durante dos o tres años al menos, pues con el frío de dos inviernos el vino se aclaraba espontáneamente y podía ofrecerlo en mejores condiciones. Vio que algunas cosechas aguantaban sólo los dos años y otras, las de óptima climatología podían hacerlo muchos más años. La barrica como más popular volumen de roble no sirvió para envejecer el vino sino que dio la idea del envejecimiento. Su objetivo era sólo envejecer o guardar para que el vino se limpiara.

Pero, además, los toneles y barricas eran sumamente manejables para el transporte marino. No en vano en náutica, tonelada son mil kilos, que es poco más o menos el peso del típico toneau bordelés con vino (900 litros). Entiendo que el objetivo, en principio, no era envejecer sino conservar para estabilizar y transportar.

Después de generalizada la botella, el roble se ha mantenido como envase de bodega de elaboración, crianza y envejecimiento.

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Hoy, muchas regiones que han reglamentado sus sistemas de crianza y envejecimiento en base al roble hemos de reconocer que les ha interesado anclar su tradición en técnicas pretéritas, lo cual es lícito sobre todo si consideramos que, actualmente, se consume en el mundo sólo el 75% del vino que se produce y que vender a la baja es un plano deslizante fácil, de cuyo torrente tan sólo nos podemos defender creando imagen, técnicamente discutible cuando se habla del roble, pero al fin estos detalles culturales se cotizan en beneficio de las regiones vitivinícolas.

Y es una gran paradoja que llamemos material noble por excelencia a algo que influye en el vino: en el color, en el aroma, en el paladar y en la composición. No es perjudicial y es tradicional, de acuerdo, pero no es inerte.

Nos ocurre, como acaso a más técnicos de la vid y el vino, que los polímeros forestales que nos apoyan en nuestra tarea nos suponen más complicaciones y angustias que el propio vino y sus problemas. Nos referimos al roble y a los tapones de corcho.

Por ello hemos estudiado con cierta profundidad, o lo hemos pretendido, al menos, el significado de estos conceptos desde le punto de vista enológico. Y a partir de este punto inicial de duda llegamos a la afirmación consciente de la importancia de las estancias del vino tinto de Rioja en contacto con el roble.

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